Con Chaitén en el corazón I

Edgardo Oyarzún Sánchez: poeta

Edgardo nació el 20 de marzo de 1963 en Futaleufú, pero profundos lazos lo unen a nuestro pueblo, pues acá vivieron sus abuelos y sus tíos paternos: los Oyarzún, de Chaitén Viejo.

Su infancia corrió ligera en la cordillera, hasta que, en 1980, sus padres -en vista que allá no había liceo- deciden enviarlo a Chaitén a proseguir sus estudios secundarios.

En esos tiempos, unir estos dos poblados no era fácil. La Carretera Austral estaba en construcción, así es que caminando, en vehículo, a caballo y navegando llegó a destino luego de casi dos días de viaje.

De sus años en el Internado del Liceo C-36 guarda los más gratos recuerdos. Profesores que marcaron su vida: Enriqueta Lobos, María Antonieta Rodríguez, Mario Oyarzún, José Iturra, Eloísa Elorza, Raúl Jara y Pablo Agüero; y -claro- sus compañeros y amigos: Julia Ocampo, Pablo Méndez, Omar Tampier, Baldovino Caro, Alonso Schilling… y tantos otros.

Dice: “En 1981, Enriqueta y María Antonieta me invitaron a participar de un Taller Literario, porque supieron que desde chico me gustaba escribir. Ahí descubrí -junto a los grandes poetas del Siglo de Oro Español- a un tío que había publicado el año 1946 un libro titulado “Flores de Primavera”.

Los textos de Fray Conrado … me abrieron -definitivamente- las puertas de la poesía”.

Éxitos en concursos y muestras literarias a nivel local, provincial y regional, fueron afianzando aún más esa vocación.

En 1983 se va a Puerto Montt y hace su servicio militar en el Regimiento de Infantería “Sangra”. Luego de un año vuelve a Futaleufú. Como no hay trabajo, hacia fines de 1984 decide irse a Argentina, donde sus hermanos, “a trabajar en lo que sea”.

Allí conoce a un hombre que era calefaccionista y de él aprende este oficio con el que ha podido mantener a su familia.

En Esquel -donde actualmente radica- participa activamente en su vida cultural, integrando importantes colectivos como “Esquel Literario”.

Ha publicado dos libros de poesía:
La vida según mi vida (2011)
Uno mismo (2016)

Les invitamos a leer un bello texto, surgido a raíz de la erupción del vn. Chaitén en mayo del 2008.

(Foto: Paty Santini)

SÓLO ESTA CARTA TENGO

¡Hola qué tal, hermano! Te escribo desde adentro
con dolor, con amor, con angustia y respeto:
es tan grande la pena que se hace chico el pecho
y mis ojos extraños, que siempre fueron secos
se mojan de repente con el mar del recuerdo.

Nada para ofrecerte en este día tengo
sólo mi compañía desangrándose en versos,
que bien o mal escritos, son puros, verdaderos;
y tienen la tristeza del mayo de tu pueblo.

Nada para contarte, sólo esta carta tengo;
que te pido la leas cuando estés en silencio
y te ordeno la guardes cuando te encuentres lejos.
Mi carta tiene un ruego que camina a tu encuentro
y un canto doloroso que tú y yo lo sabemos.

¡Perdóname hermanito si escribo desparejo!
Es que mi pena es honda y me tiemblan los dedos;
hoy me siento más chico que todo lo que veo,
hoy sé que somos nada, ya ves, somos pequeños.

La gran naturaleza no perdona, yo entiendo
y sin embargo quiero que te pongas contento:
tienes la vida toda, que es mucho en este cuento.
La salud, si te falta, tú pídesela al cielo,
por penas, no te aflijas, que todos las tenemos.
Francamente te digo, sin ser tu consejero,
que sólo Dios se encarga de nuestros sufrimientos.

Que no pierdas la calma entre otras cosas quiero,
que no te desanimes, cual otro buen guerrero
y a fuerza del coraje que se esconde en tu pecho
ganes este combate… tan cruel y desparejo.

Hoy es domingo y triste como es triste tu cielo
tú sabes que mis ojos a ratos vuelan lejos
y tan largos se quedan que a veces los sorprendo
sumergidos en llanto, añorando otros tiempos.

Si la naturaleza hoy derrumbó tus sueños,
no tenemos razones para verte contento;
hermano, no te miento cuando digo que tengo
parte de tu amargura hecho carne en mi pecho;

Que en Chaitén se quedaron mis hermosos recuerdos
¡Cómo no recordarlo más no sea en un verso!
Si allá en su costanera dejé tantos secretos:
su puntilla, su muelle, en fin todo su pueblo
y en domingos como éste caminando en sus cerros
dejaba atrás encantos, engaños, descontentos.

¡Cómo olvidarme nunca que sobre el lomo quieto
del peor enemigo caminé sin recelos!
Un volcán simplemente, que dormía en silencio
como juntando furia para romper tus sueños;
un volcán simplemente callado y traicionero.

Por eso en este día, hermano, te prometo,
que lloraremos juntos tu pena y mi tormento
y si parece poco todo lo que te entrego
tienes a tu servicio, mi corazón… abierto.