Historia Palena

Ilustre Municipalidad
de Palena

La Primera referencia sobre el Río Palena se encuentra en el libro “Histórica relación del Reyno de Chile (1646), donde el Jsesuita Alonso de Ovalle describe el Río Palena como “el Río de la Vallena, que está junto al cabo” llamado así por la gran ballena que salió a morir a su costa. Posteriormente el nombre evoluciona en los archivos a “C. et R. de la Balena” (1686), “Balene R.” (1719), “Estero de la Palena (1798) y “Río Palena” (1924).

Fueron los jesuitas quienes en busca de la “Ciudad de los Césares” exploraron la desembocadura de este río en el Golfo de Corcovado.

Luego de algunas exploraciones que buscan dar presencia chilena en la cuenca del Palena y firmado el tratado de límites de 1881 comienza una sostenida migración de chilenos asentados en territorio argentino hacia la parte superior de la cuenca donde se funda la “Villa de Palena” en 1929.

(extracto investigación realizada por Marcelo Vásquez)

Contexto histórico desde las primeras expediciones hasta la creación del Distrito de Palena (1929).

Las primeras noticias que se tiene de esta parte de la Patagonia oriental, se deben al trabajo misional y la búsqueda de la “Ciudad de los Césares” que lideró el jesuita Nicolás Mascardi desde 1669. Consolidada la misión de la Compañía de Jesús en Chiloé, en 1670 el padre Nicolás Mascardi fundó la misión de Nahuelhuapi; durante cuatro años misionó entre puelches, poyas y tehuelches, explorando hasta la costa atlántica y la provincia del Chubut, descubriendo el río Palena. En septiembre de 1673 este jesuita fue asesinado por una parcialidad tehuelche, enemiga de los poyas, que también destruyeron la misión de Nahuelhuapi meses después. Vuelta levantar en 1703 por el P. Felipe Laguna, fue nuevamente destrozada y abandonada en 1717, muriendo en estos años todos los jesuitas que trabajaron en aquella misión: Mascardi, Guillelmo, Laguna, Zúñiga y Elguea.

Más tarde, otro religioso se internará en estas tierras. El franciscano Francisco Menéndez organizó entre 1779 y 1786 cuatro viajes exploratorios –desde la ciudad de Castro- al continente en busca de la ciudad de los Césares y con la idea de reabrir el paso de Vuriloche hacia el lago Nahuelhuapi, en la vertiente oriental de los Andes. El padre Menéndez hizo dos viajes más en 1791 y 1793, descubriendo las ruinas de la antigua misión jesuita fundada en 1670 por Nicolás Mascardi y recorriendo los territorios circundantes. Sin embargo, tras el último viaje el misionero tuvo que desistir de nuevas expediciones, convencido de lo infructuoso de su búsqueda.

La apertura de un camino terrestre entre Chiloé y Valdivia (1787 – 1791), la crisis que siguió a la Guerra de Independencia y la importancia que se le daba los puertos marítimos, hizo que todo el territorio interior de la actual provincia de Palena permaneciera desconocido hasta bien entrado el siglo XIX, lo que más tarde derivará en conflictos limítrofes entre Chile y Argentina.

En la zona costera, en cambio, a partir de 1843 la Armada de Chile inicia una extensa labor exploratoria e hidrográfica en el litoral y mar interior de Chiloé y Aysén, incluyendo lo que se denominó “Chiloé continental”. El objetivo principal del Estado, fue la posibilidad de contar con tierras de colonización, a lo que se sumó la misión de aquilatar, por los propios comandantes de buques, las potencialidades socioeconómicas de la región.

Entre las campañas hidrográficas, Sergio Millar Soto detalla que, “Enrique Simpson, por disposición de la Armada, es comisionado al mando de la corbeta ‘Chacabuco’ para explorar el área entre el Golfo Corcovado hasta la Península Tres Montes y buscar un paso al Atlántico. En tres expediciones (1870 a 1873), explora el Fiordo de Aysén, Río Mañiguales y el Río Huemules. Adicionalmente, el teniente Agustín Garrao, se desprendió de la expedición principal para explorar la desembocadura del Río Palena. Específicamente, la misión principal encarecida por el Gobierno, era encontrar un paso desde el océano Pacífico hacia la Patagonia Oriental a través de la cordillera”.

El historiador agrega más antecedentes: “En el verano de 1884-85 el comandante Ramón Serrano Montaner, a bordo de la escampavía ‘Toro’, realiza la exploración del Río Palena. Le acompañaba el guardiamarina Roberto Maldonado y el naturalista Federico Delfín. El objetivo era encontrar el origen del río y determinar los terrenos útiles para la agricultura y ganadería y explotación de bosques, las probabilidades de construir un camino para la salida de los productos al Mar Interior. Llegaron hasta las pampas del valle oriental de los volcanes Michimahuida, Corcovado y Yanteles, hasta el curso superior del río Palena desde donde se devolvieron después de naufragar. En 1886-1887, siendo capitán de fragata, al mando de la cañonera ‘Magallanes’ Serrano Montaner realiza una segunda expedición al Río Palena, levantando el plano y explorando el río Reñihue. Serrano Montaner fue el primer ayudante de la Comisión de Límites que estudió la línea fronteriza después del Tratado de 1881, y en tal carácter le correspondió recorrer casi toda la zona cordillerana de Llanquihue Patagónica”.

Por su parte, la República Argentina mantuvo constantes conflictos con los tehuelches, hasta que emprende la “Conquista del Desierto” sobre la Patagonia oriental. En esta campaña militar, realizada entre 1878 y 1885, la República Argentina conquista enormes extensiones de territorio que se encontraban en poder de los tehuelches. En las campañas finales fueron reducidos los nativos del Chubut, aunque algunos grupos continuaron indómitos hasta 1888.

Al comienzo de la Guerra del Pacífico (1879), Chile acordó la paz con Argentina, para que ésta no interviniese en favor de Bolivia y Perú, comprometiéndose a solucionar los temas limítrofes. Con el Tratado de 1881, se fijaron los límites en las más altas cumbres divisorias de aguas en la cordillera de los Andes hasta el paralelo 52º. Así, en la Patagonia, Chile se quedó con el sector occidental a la cordillera hasta el océano Pacífico, y Argentina con el sector oriental hasta el océano Atlántico. Debido a que en algunos lugares la línea de las cumbres más altas no coincide con la divisoria de las aguas (en general, la divisoria de las aguas es más favorable a Chile, en cambio la línea de las cumbres más altas favorece a la Argentina, que en algunos casos obtendría una salida al océano Pacífico), el Tratado de Límites entre Chile y Argentina de 1881 no pudo ser aplicado por simple acuerdo bilateral y se solicitó el arbitraje de la Reina Victoria de Inglaterra, en virtud del artículo VI del tratado. De manera que, el 20 de noviembre de 1902 el Rey Eduardo VII dictó sentencia sobre estos litigios.

Sin embargo, más tarde habrá una nueva discrepancia: esta vez por el trazado de la frontera en la región del río Encuentro en los valles orientales de Palena. Para ello se utilizó el Tratado General de Arbitraje (de los Pactos de mayo de 1902), solicitando en junio de 1966 Chile y la Argentina a la corona británica una sentencia definitiva sobre la cuestión. El laudo fue dictado el 9 de diciembre de 1966, trazando la frontera que hoy marca el límite entre ambos países, y que es el borde oriental de la comuna de Palena.

Intentos de colonización de Palena

Las investigaciones de Sergio Millar aportan antecedentes importantísimos acerca de los intentos de colonización de Palena. El 4 de enero de 1889 el gobierno del presidente José Manuel Balmaceda decretó la fundación, en la Isla Los Leones, junto a la boca del río Palena, de una población denominada Colonia de Palena, que serviría de base a la colonización de ese territorio. “El establecimiento comprendía 32 manzanas, subdivididas en sitios para la construcción de habitaciones, además de la asignación de una hijuela para cada colono en el valle interior. Sus primeros pobladores habían sido Adolfo Abbé en 1883, Antonio Emhardt en 1885 y Juan Yates en 1888.

Este primer intento de colonización estatal de la Patagonia Occidental Septentrional tiene primordial importancia, por cuanto el mismo decreto comisionó, para realizar la fundación, al Intendente de Llanquihue Jorge Figueroa, siendo en consecuencia el antecedente de la jurisdicción que en lo futuro tendrían los intendentes de Llanquihue en la prolongación patagónica de la provincia.

El Intendente Figueroa se dirigió a Palena, el mes siguiente, a bordo del vapor ‘Pudeto’, para organizar la instalación de la Colonia, siguiendo las instrucciones del entonces ministro del Interior Ramón Barros Luco, previa declaración de éste en el sentido de que las exploraciones practicadas en diversas épocas en el valle del río Palena y principalmente la que realizó en 1885 el subdirector de la Oficina Hidrográfica, don Ramón Serrano Montaner, en virtud de la comisión que se le confirió por los ministerios de Marina y Colonización, decidieron al Ministerio a elegir este valle como el lugar más apropiado para el establecimiento de una población y de una colonia agrícola que dé vida a la considerable extensión de nuestro continente austral hoy despoblado’”.

No se puede omitir que el presidente José Manuel Balmaceda tenía conocimiento de la situación estratégica de Puerto Montt, fundado en 1853, pues había sido diputado entre 1870 y 1882 por el departamento de Carelmapu. Además, la creación de la Colonia de Palena era parte del plan de desarrollo económico del país, impulsado por el gobierno de Balmaceda. Al respecto, Millar agrega que, “el proyecto de colonización de Palena tuvo inmediata aceptación, de tal suerte que se presentaron al Intendente de Llanquihue muchas solicitudes para el mismo objeto, notándose cierto interés por la explotación de las maderas del valle y la crianza de ganados”5. Sin embargo, después de la Revolución de 1891, la Colonia de Palena fue desamparada por el gobierno y finalmente abandonada.

Aquí es importante mencionar las exploraciones del doctor Hans Steffens Hoffmann, cuyos trabajos ayudarán a establecer los límites con la República Argentina. En el verano de 1892 el doctor Steffen partió reconociendo desde el valle de Peulla hasta Cochamó; y en la temporada de 1893 a 1894 exploró la región del Río Palena. A principios del año siguiente realizó nuevos reconocimientos en la región de Aisén.

Sergio Millar indica que, “en marzo y junio de 1902 Steffen realizó una inspección del territorio en litigio como asesor del gobierno chileno de la Comisión de Encuesta del Tribunal Arbitral que dirigió el coronel Sir Thomas H. Holdich. En marzo de 1902 desde la región de Última Esperanza se dirigieron al norte, a la zona de los canales patagónicos y a la región del Río Baker. La siguiente etapa contemplaba el reconocimiento hacia el norte hasta el Río Aisén. El 30 de marzo prosiguieron hasta la desembocadura del Río Yelcho, donde se informaron de la topografía general de la región y del camino que se abría hacia el valle de Futaleufú.Finalmente, se desplazaron por las costas y canales del Pacífico hasta Cochamó, donde Holdich recibió toda la información de los peritos argentinos, chilenos y del propio Steffen.

Los descubrimientos que Steffen realizó, significaron para Chile que los jueces británicos tomasen en consideración, en gran parte de los sectores del litigio, la tesis de la división continental de las aguas, hecho que implicó incluir importantes hoyas hidrográficas para nuestro territorio”6. Estas expediciones fueron de gran importancia pues a partir de entonces se tuvo acceso a territorio considerado chileno, hasta que se dirimió el conflicto de límites con la República Argentina.

Añadimos que, por ley de 26 de noviembre de 1894, y por el lapso de tres décadas, fue incorporado a la provincia de Llanquihue el territorio nacional continental entre el canal Comau y el paralelo del cabo Tres Montes, conformándose la provincia más extensa del país, que quedó comprendida entre los paralelos 41 y 47 de latitud sur, exceptuando la Isla Grande y el archipiélago de Chiloé.

Volviendo al tema de la colonización de Palena, después de la revolución antibalmacedista, los mandatarios llevaron a la práctica lo establecido en el art. 11 de la ley de 4 de agosto de 1874 que les autorizaba para conceder, a los particulares que quisieren establecer colonos extranjeros, terrenos considerados del Estado. Se produjo entonces un notable incremento en la constitución de sociedades “que pudieren atraer los capitales necesarios” para tales emprendimientos; muy difícil de afrontar por particulares, pues implicaban grandes inversiones, no sólo para traer a las familias de colonos desde Europa sino para la habilitación, entre otros requisitos, de puertos, líneas de navegación, establecimientos de pesca, ganaderos o explotación de bosques, que el gobierno exigía a cambio de las concesiones.

Según Sergio Millar, entre 1900 y 1903, se otorgaron “a lo menos una veintena de concesiones territoriales que abarcaron todo el territorio comprendido entre los Paralelos 41 y el 47”, entre ellas, “…a la Sociedad Industrial y Ganadera Yelcho Palena, los terrenos fiscales comprendidos entre los ríos Yelcho y Palena”, “…a la Sociedad Ganadera y Explotadora del Río Palena, terrenos comprendidos entre el río Palena y paralelo 44º 20’ y entre el Canal Moraleda y la República Argentina”, “…a Alfredo Weber, entre el estuario de Reloncaví y río Vodudahue, el mar interior y la República Argentina. A Guillermo Jones: entre los valles de Vodudahue y el curso de los ríos Yelcho, Futaleufú y lago Yelcho y el mar interior y la República Argentina”7. Consta que en pocos años la Sociedad Industrial y Ganadera Yelcho Palena, logró aumentar notablemente la producción de ganado mayor y menor, lo que produjo un necesario desarrollo del transporte de pasajeros, mercaderías, insumos y ganado con Puerto Montt.

A la par con las actividades de estas sociedades, se estaba produciendo un fenómeno de emigración chilena por la vertiente cordillerana oriental, poblándose los valles de Palena, Simpson, Chile Chico y Baker. Esto se debió a que después de la revolución antibalmacedista, numerosos colonos nacionales, a quienes se les había otorgado pequeñas hijuelas en las provincias de la Frontera, fueron desalojados por las compañías concesionarias y en número que se calcula en 25.000 emigraron al otro lado de la cordillera andina, donde comenzaron a trashumar por los valles orientales hacia el sur. Admitidos primero, luego perseguidos por la policía argentina, decidieron por fin introducirse de nuevo en territorio chileno por Palena, Arroyo Verde y Valle Simpson, donde fundan el pueblo de Balmaceda.

Bernardita Hurtado, en el libro “Alto Palena”, relata que “el desarrollo de la comunidad humana en Palena comienza en 1911. Colonos chilenos provenientes de la zona sur del país y radicados algunos años en la Patagonia Argentina, se desplazan hacia Palena teniendo como referencia el hito 16 colocado por los demarcadores ingleses en 1903, y se instalan en terrenos cercanos al Río Encuentro y Valle California, para organizar una nueva vida y desarrollar actividades ganaderas en la Patagonia Chilena”.

Mediante el hacha y el fuego estos colonos y sus familias fueron despejando espacios para sus viviendas, siembras y la crianza de ganado. La autora de “Alto Palena” rememora cómo “esta precaria colonización, sin rutas de acceso hacia el Pacífico y con la indiferencia de las autoridades centrales, lleva a establecer un obligado contacto con los pueblos argentinos de la frontera: Corcovado, Trevelin, Esquel, Tecka. Esa relación impuso una dependencia económica y una cercana convivencia que influenció el lenguaje, el vestuario y las manifestaciones folclóricas, dando vida a una cultura fronteriza.

En 1928, recorre la zona el Intendente de Aysén Coronel de Carabineros Luis Marchant, y conoce entonces las necesidades y peticiones de los pobladores; nombra Juez de Distrito a Don Eleodoro Díaz Carrasco, antiguo colono que desempeñará las diversas funciones administrativas que impone la realidad local. El Intendente Marchant regresa el año siguiente, para crear el Distrito de Palena, el 25 de febrero de 1929. Queda establecido así el ejercicio de la autoridad chilena, mientras las familias colonizadoras continuaron en el afán de dejar su perdurable huella”8. Junto con el laudo arbitral que dejó para Chile el Valle California (1966), otro proceso fundamental fue la apertura de la Carretera Austral, obra iniciada en 1976 –año en que también se crea la provincia de Palena- y concretada en la década de 1990. Para comprender la importancia de esta vía en el desarrollo posterior de la comuna de Palena, basta mencionar que Puerto Cárdenas, ubicado en el extremo norponiente del lago Yelcho (a 45 km de Chaitén), era el sitio desde el cuál se hacía el cruce de las embarcaciones que realizaban la travesía hasta Puerto Ramírez, para continuar hacia Palena o Futaleufú.

La Carretera Austral ha permitido integrar una extensa zona del país, contribuyendo al poblamiento de lugares deshabitados y ajenos al desarrollo del Estado, ha generado beneficios directos en áreas productivas, aumentando el desarrollo económico. Además, esta vía se constituyó en garantía de seguridad nacional, al obtenerse el dominio y posesión de este territorio; y, en gran medida, se puso término a la dependencia del abastecimiento y trasporte terrestre por territorio argentino.

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Región de Los Lagos (2018) Plan Municipal de Cultura Región de Los Lagos [en línea].Disponible en: http://repositorio.cultura.gob.cl/handle/123456789/3895 (Consultado: 7 junio 2021).