Del imaginario III

Brujos

“En la década del 40, cuando nuestro pueblo estaba recién poblándose, sucedió la siguiente historia.

Cuando comenzaba la primavera, un vecino de Chaitén Viejo vino a visitar a un viejo amigo suyo, aprovechando que los días se hacían más largos y el tiempo también era más benévolo.   

Caminaba por la orilla del mar y era ya bien avanzada la tarde. De pronto, vio avanzar velozmente desde el horizonte unas luces…  que en un par de segundos ya se perdían en una arboleda cercana.

Su curiosidad pudo más que el temor…  y se acercó sigilosamente.

Asomándose por entre los árboles, pudo darse cuenta que las luces ya no estaban… 

Sólo había un pequeño grupo de hombres, hablando animadamente. No pudo reconocer a ninguno de ellos, tampoco al que parecía dirigir la reunión, pues le daba la espalda.

Aguzó su oído y pudo entender que algo estaban planeando… sí… preparaban una fiesta para esa misma noche, una fiesta con asado…. pero no era un asado cualquiera: lo que querían comer…  era una guagua.

Horrorizado estaba a punto de salir arrancando, cuando el que parecía liderar la reunión, pronunció el nombre de la víctima.

El terror se mezcló ahora con asombro: la guagua era hija del amigo que iba –precisamente- a visitar.

Sin esperar nada más, corrió, corrió y corrió hasta la casa de aquél. Apenas pudo recuperar el aliento, relató a la familia lo que acababa de oír.

Los gritos, llantos y maldiciones dieron paso a la racionalidad y prepararon entre todos la que consideraron era la mejor estrategia de defensa.

A los pocos minutos, oyeron fuertes golpes en la puerta.

Asustados la abrieron, pero… uf!!! Qué alivio!!!…  allí estaba la amable figura del mejor amigo del dueño de casa. Lo invitaron, pues, a  pasar con la clara intención de contarle lo que pronto sucedería.

Pero cuál no sería la sorpresa cuando, por más que lo intentaba, este gran amigo no podía entrar a la vivienda.

Entonces se dieron cuenta de la terrible verdad: ese hombre amable formaba parte del grupo de brujos que preparaba la siniestra comilona.

La cruz de alfileres que habían colocado disimuladamente en el umbral, impidió que éste accediera al interior y delató a este ser maligno, quien, a verse descubierto, huyó rápidamente.

A los pocos días, el brujo había muerto, y la familia ya pudo dormir tranquila.”

(LAST: Relatos aportados a la asignatura de Lenguaje por alumnos de Educación de Adultos del Liceo Italia)