Reseña Histórica

La comuna de Chaitén   -voz huilliche “chain” , “chaitún”, que se traduce como “colar de chaiva” (canasto)- se localiza entre los paralelos 42º30’ y 43º30’ de latitud sur, y  los meridianos 72º y 73º oeste.   Su territorio, que comprende islas y continente, tiene una superficie total de 8.471 km²,  de los cuales el 68,7% lo ocupan los Parques Nacionales Pumalín Douglas Tompkins y Corcovado. Chaitén es la capital de la comuna y de la Provincia de Palena.

ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS

Desde hace -al menos- 6000 A.P. (Antes del Presente), esta parte de la Patagonia fue recorrida por indígenas canoeros que venían en busca de mariscos, pescados, madera y obsidiana del volcán Chaitén, para la fabricación de distintos tipos de artefactos, principalmente, de perforación y corte. Esta roca era muy apreciada, pues,  al tallarla, tenía características de dureza y filo que la hacían ser muy superior a las de otros volcanes. De ahí que su uso se expandiera notablemente por el sur de nuestro país -se han encontrado piezas desde Punta Chanchán, cerca de Mehuín (400 kms. al norte), hasta isla Goñi, en las cercanías de Aysén (400 kms. al sur)- y también por la Patagonia argentina.

Como pruebas tangibles de las esporádicas visitas de estos grupos, están las pinturas rupestres y grabados en las Cuevas del Vilcún, sector de Santa Bárbara, con una data de, aproximadamente, 700 años y los conchales que en ese mismo sitio y en otros lugares de la comuna, aún se pueden hallar.

A partir del s. XVI, con la llegada de los españoles a Chiloé, comienzan a transitar por estos territorios,  exploradores, misioneros franciscanos y jesuitas,  y también aventureros, ávidos por encontrar, en algún escondido valle cordillerano, la Ciudad de los Césares, ese fantástico lugar que –aseguraban- estaba repleto de metales preciosos. 

Adicionalmente,  muchos chilotes ocupaban temporalmente islas y costas de este territorio para criar ganado, mariscar y, ante la escasez de madera en la Isla Grande por sobreexplotación de los bosques, cruzaban el Golfo de Corcovado, en busca del cotizado alerce. Así aparece consignado, por ejemplo, en el libro Esploraciones Jeográficas e Hidrográficas del español don José de Moraleda y Montero. Hacia 1794 las islas Talcán y Chulín ya eran utilizadas por chilotes en la crianza de ganado mayor; y en 1975 pudo constatar similares actividades en el Estero de Comau. Allí, gente de Calbuco se instalaba en chozas provisorias, dedicándose a mariscar, a sacar tablas de alerce o a criar ganado.

Se piensa que fue la rigurosidad el clima y las dificultades que imponía el denso bosque, las que desincentivaron en aquellas épocas cualquier intento de asentamiento permanente en esta parte de Chiloé Continental.

Esta situación cambia hacia fines del s. XIX y principios del XX, cuando grupos humanos –provenientes en su gran mayoría de la Isla Grande de Chiloé y también de la Patagonia- buscan asentarse definitivamente en lo que hoy es Chaitén. 

Algunos historiadores proponen como hipótesis que nuestro sector insular recibe el nombre de Desertores, precisamente porque, hacia fines del s XIX, grupos de chilotes se habrían ocultado allí del ejército chileno que buscaba enrolar a los más jóvenes para combatir en la Guerra del Pacífico.

También hacia fines del s XIX, comienzan a llegar pequeños grupos de chilotes trayendo vacunos al “Potrero de Chaitén”, con el fin de aprovechar los abundantes pastos y quilas que aquí había y las adecuadas condiciones geográficas de la bahía, que hacían muy fácil el cuidado y vigilancia del ganado. Estos aproximadamente 20 comuneros, decían tener derechos de propiedad sobre estos suelos que habían sido concedidos en tiempos en que la corona española aún dominaba la Isla Grande, y que, cuando ésta fue anexada definitivamente a la República, en virtud del art. 7° del Tratado de Tantauco (1826), todos esos títulos pudieron ser revalidados. 

Sin embargo, pasado un tiempo, deciden poner en venta sus “derechos” sobre estos suelos. Y es así como -según archivos del historiador chilote Rvdo. P. Audelio Bórquez Canobra- como Germán Ampuero Pérez , Ruperto García Mansilla, Olegario Bórquez Sánchez y Saturnino Mansilla Navarro, decidieron adquirir las “acciones” sobre estas tierras e  inscribirlas en el Registro de Propiedades de Achao, entre los años 1884 y 1885.

Ya dueños de un campo que bordea las 700 hás, don Juan Pedro Ampuero y su hijo Germán (que llegaría a ser cura párroco de Achao), retoman la actividad ganadera y viajan continuamente al lugar.

En los primeros años del s. XX estos nuevos propietarios, en vista de las enormes dificultades económicas por las que pasaban algunos de sus familiares, los estimulan a dejar la Isla Grande y  a buscar mejor suerte en estas costas. Es así como, en septiembre de 1921, tres familias  emparentadas entre sí -Ampuero, Oyarzún y Perez-  viajan en una goleta hacia lo que hoy es Chaitén Viejo. Ellos, junto a otros que en años posteriores llegan desde la Patagonia chilena,  dan inicio a la ocupación definitiva de lo que hoy es la ciudad de Chaitén.

El resto de los sectores de nuestra comuna también comienzan a ser poblados en las primeras décadas s. XX. Por ejemplo, el sector de Valle El Frío en los años 40, con la instalación de don Carlos Ide y familia, y luego don Abel Ojeda, don Humberto Anguita, don Mario Cárcamo y otros.

La historia de Chaitén y de todas sus localidades es tarea pendiente. El desafío es que esta página web sea un espacio que nos invite a escribirla entre todos.

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