Descubrimiento de las Termas de Río Amarillo

Hacia fines de 1931, Basilio Soto, Carlos Anabalón, Froilán Gélvez, Evaristo Almarza, José Rivas, Alfredo Calderón y un joven de apellido Cortés, vecinos del poblado de Futaleufú, intentan llegar a Chaitén Viejo por una ruta distinta a la riesgosa bajada de ríos (Futaleufú y Yelcho) y del lago Yelcho que habían hecho un año antes otro grupo de chilenos aventureros.

Ellos eligen la de las montañas, la de las veranadas.

Estos siete hombres traen 14 caballos cargados, 4 capones charqueados, 2 capones frescos y un novillo de año y medio vivo.

Se abren paso con dificultad por el Espolón y avanzan hacia Los Turbios. Luego de extenuantes jornadas a golpe de machete, abriendo “pìcadas”, subiendo y bajando cerros en sus cabalgaduras, a pocos kilómetros de Río Amarillo, se detienen a comer y a descansar. Luego de explorar las cercanías del vn. Michimahuida, uno de ellos, Carlos Anabalón, hace un increíble e importante descubrimiento:

LAS AGUAS TERMALES DE RÍO AMARILLO!!

Felices por el hallazgo, reanudarán la marcha orillando el río Yelcho hasta llegar a Chaitén Viejo.

Podemos decir, entonces, que desde el año 1932, Futaleufú ya está conectado con el mar: sea navegando ríos y lago o por el paso de las veranadas

(LAST: Resumen de relato escrito por don Orozimbo Soto Jara y refrendado por don Benedicto y don Gamalier Soto)