Un chaitenino destaca en Puerto Montt

Reinaldo Barrientos Cárdenas: luthier & músico 

“Lo verdaderamente importante no es lo que uno pueda decir acerca de sí mismo, sino lo que es capaz de mostrar como trabajo” -dice al abrir la conversación.

“Nací en Chaitén el 16 de diciembre de 1979. Mi niñez transcurrió feliz… jugando, dibujando y aprendiendo tempranamente de mi padre el oficio de carpintero”.

“En lo esencial, el año 93 se produce un hecho importantísimo en mi vida: el reconocido maestro Juan Carlos Moraga, gana un Fondart y abre un taller experimental de luthería para todos los estudiantes chaiteninos que estuviéramos interesados. Ingreso al que, en estricto rigor, fue la primera escuela de luthería de Chile” -asegura.

Cada tarde, después de la jornada escolar, va junto a otros jóvenes al galpón donde se realizan las clases. Pronto se transforma en uno de los alumnos más destacados. Rápidamente también se da cuenta de lo apasionante que es este nuevo acercamiento a la madera… y que, además, combina perfecto con otro de sus intereses: la música.

Se acaba el proyecto, pero el contacto con su maestro no concluye: su proceso de aprendizaje sigue, se profundiza y perfecciona.

El año 1998, luego de terminar la secundaria, viaja a Puerto Montt y -a poco andar- pone en práctica lo que Juan C. Moraga le enseñó. Lentamente comienza a abrirse camino, a ser reconocido y valorado por su trabajo. Es así como el año 2000 abre su taller y cuatro años más tarde, ya está dedicado 100% a la luthiería

El año 2013 hace una pausa en el desarrollo de su empresa y graba un CD con 10 temas de su autoría en el trabajo llamado “Caudal de Fuego y Lluvia”. Junto a otros músicos presentan este trabajo de rock progresivo/ fusión en distintos escenarios del sur del país.

Desde el 2015 en adelante retoma a pleno su oficio. Hace trabajos de ajuste (mantención y reparación) de instrumentos de cuerda frotada (violines, violas, etc.) y trabajos de construcción de instrumentos de cuerda pulsada (guitarras, charangos, mandolinas, tiples, etc.).

No se considera un luthier clásico, de ésos que usan sólo sus manos y las herramientas más tradicionales. Él pertenece a una corriente más contemporánea, que integra -sin complejos- la tecnología disponible a su oficio. “Lo que importa, en definitiva, es entregar un instrumento de calidad” – afirma.

Busca y emplea las mejores maderas “musicales” para la fabricación de puentes, diapasones, tablas armónicas y cuerpos de los instrumentos que ofrece a sus clientes: caoba, pino abeto alemán, pino abeto canadiense, cedro boliviano, ébano y palo de rosa, fundamentalmente. Las maderas nativas -alerce, ciprés, lenga, etc. – las emplea en mixturas con las especies ya mencionadas

Dice que el sonido está dado -principalmente- por las medidas, por el respeto a los planos, por la porosidad de la madera y lo compacta y ligera que sea. Y en el caso de los instrumentos eléctricos, más que la madera, tiene que ver con la calidad de las cápsulas y de los otros componentes electrónicos elegidos.

“Este oficio es completo. Hay aspectos técnicos, pero también arte y diseño como cuando, por ejemplo, customizo un instrumento. Ah… y por supuesto, también abre posibilidades de hacer pedagogía. En fin, soy plenamente feliz con lo que hago… y espero que eso se note” -dice.

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Taller de Luthería Barrientos, Dr. Martin 439, Puerto Montt.
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